En palco 2
roman holiday
Pablo Arriagada
Por

12 de febrero de 2026

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Te recomiendo este 14 de febrero: Roman Holiday (1953)

Ganadora de 3 premios Oscar y filmada en locaciones reales, Roman Holiday convirtió a Audrey Hepburn en estrella y nos regaló uno de los finales más bellos y agridulces del cine clásico.

Hay películas románticas. Y después está "Roman Holiday".

William Wyler tomó un cuento que podría haber sido una comedia ligera sobre una princesa aburrida y lo convirtió en una de las historias de amor más hermosas y dolorosas del cine clásico. Y lo hizo sin cinismo, sin manipulación y, sobre todo, sin traicionar la inteligencia de sus personajes.

Audrey Hepburn -en el papel que la convirtió en estrella instantánea y le dio el Oscar- interpreta a la princesa Ann, atrapada en una agenda diplomática que la asfixia. Su escapada por Roma no es solo un capricho juvenil: es un intento desesperado por vivir, aunque sea por un día, como una persona común.

Gregory Peck, como el periodista Joe Bradley, podría haber sido un oportunista encantador sin más. Pero Peck le da una humanidad inesperada: su cinismo se va quebrando a medida que entiende que está frente a algo más grande que una exclusiva.

Y luego está Roma.

Wyler decidió filmar en locaciones reales cuando Hollywood aún prefería estudios. La Plaza de España, la Bocca della Verità, la Vespa recorriendo calles soleadas… La ciudad no es postal turística: es libertad. Es anonimato. Es posibilidad. Cada rincón respira una ligereza que contrasta brutalmente con el peso del deber que espera a Ann.


La química entre Hepburn y Peck es de una naturalidad asombrosa. No hay grandes declaraciones. Hay miradas, silencios, gestos mínimos. Y ahí está el verdadero romance: en lo que no se dice.

Pero lo que convierte a Roman Holiday en una obra maestra -y en una película perfecta para el 14 de febrero- es su final.

Wyler no opta por el consuelo fácil. No hay escapatoria romántica, no hay rebeldía triunfante. Hay madurez. Hay renuncia. Hay amor entendido como algo que no siempre puede poseerse.

La última secuencia, con esa conferencia de prensa y esa despedida silenciosa, es devastadora precisamente porque es contenida. La cámara se queda con Joe un instante más de lo habitual. No hay música que subraye el dolor. Solo espacio. Solo distancia.

Es un final duro, tierno y triste. Como los amores que realmente marcan la vida.


Este 14 de febrero, más que una historia de amor ideal, te recomiendo una historia sobre el recuerdo de un amor. Sobre ese día que cambió todo… aunque no haya cambiado nada.

Porque a veces lo más romántico no es quedarse, es haber vivido.



Roman Holiday
Audrey Hepburn
Gregory Peck
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